image
image

Más allá del hype: el verdadero valor de las experiencias inmersivas para marcas y audiencias

29 de enero de 2026

En los últimos años, conceptos como realidad virtual, realidad aumentada, experiencias phygital o entornos inmersivos se han instalado con fuerza en el discurso de la industria creativa. Sin embargo, más allá del entusiasmo inicial y del atractivo tecnológico, hoy el verdadero desafío está en cómo integrar estas herramientas de manera coherente y estratégica dentro de la experiencia total de marca.

Ya no se trata de sumar tecnología como un elemento aislado o espectacular, sino de construir experiencias donde lo digital, lo físico y lo humano se integren de forma natural, acompañando a las personas a lo largo de todo su vínculo con la marca. En este nuevo escenario, la experiencia deja de ser un momento puntual para transformarse en un ecosistema continuo.

Desde la práctica creativa, este cambio implica invertir la lógica tradicional. Como plantea Rodrigo Brain, socio y director creativo de Furia, “la tecnología no se usa de forma independiente a las acciones, sino que toda la experiencia va al servicio de comunicar un concepto, un servicio o un producto. La tecnología aparece solo cuando es la mejor herramienta para generar esa conexión emocional entre la marca y la audiencia”. Bajo esta mirada, la innovación deja de ser un fin en sí mismo y pasa a ser un habilitador de sentido.

Uno de los principales riesgos actuales es el uso superficial de estas tecnologías, impulsado por la novedad más que por la estrategia. Experiencias que sorprenden por unos segundos, pero que no dialogan con otros puntos de contacto de la marca ni construyen valor real. En ese punto, Brain es claro: “cuando se intenta crear una experiencia a partir de una tecnología que se ve interesante y luego se fuerza la mecánica para que calce, lo que se obtiene son activaciones artificiales, sin profundidad ni recordación”.

Frente a este escenario, la pregunta clave ya no es solo qué tecnología usar, sino cómo integrarla de manera consistente en el recorrido completo del usuario. Las experiencias inmersivas bien diseñadas permiten activar emociones, facilitar la participación, fomentar la co-creación y ofrecer niveles de personalización cada vez más relevantes. Todo esto apoyado en el uso de datos, inteligencia artificial y tecnologías emergentes, pero siempre bajo una idea rectora clara.

La experiencia, entendida como territorio creativo, es también el espacio donde la promesa de marca se pone a prueba. “La experiencia es el momento de la verdad de la publicidad. Es donde la promesa cobra vida en el mundo físico real. No hay mecánica que genere recordación si lo que la marca promete no es real; todo queda en evidencia cuando la persona vive la experiencia”. Para Brain, esta visión refuerza la necesidad de coherencia entre discurso, producto y ejecución.

En paralelo, el desafío ya no es solo generar impacto, sino construir experiencias con proyección en el tiempo. En un contexto de audiencias hiperexpuestas a estímulos, la recordación se vincula cada vez más a la capacidad de generar conexiones emocionales auténticas y experiencias que las personas quieran compartir de manera orgánica. “Hoy no basta con que una experiencia sea innovadora; tiene que ser naturalmente viralizable. El consumidor sabe cuándo algo es forzado o pagado y cuándo nace desde una motivación genuina”, agrega el socio y director creativo de Furia.

La evolución de las experiencias inmersivas también plantea un cambio profundo en la forma de trabajar de las agencias y equipos creativos. La estrategia creativa y el conocimiento profundo de las audiencias se vuelven condiciones indispensables para que la innovación tecnológica genere valor real y no se quede solo en el efecto sorpresa. En este sentido, la investigación deja de ser una etapa previa para transformarse en una práctica permanente. Conocer tendencias, anticipar comportamientos y entender cómo las personas se relacionan con los contenidos y las plataformas es hoy parte estructural del trabajo creativo.

La irrupción de la inteligencia artificial acelera aún más este proceso. Herramientas que antes requerían horas de producción hoy se resuelven en minutos, lo que obliga a repensar los procesos, los tiempos y el rol del talento humano. “La IA está generando saltos cuánticos en la industria y es clave actualizarse para optimizar recursos, aunque por ahora, todavía no logra reemplazar al humano en la creación de experiencias emocionalmente potentes y relevantes para distintas audiencias”, finaliza Rodrigo Brain.

En este contexto, el desafío central sigue siendo el mismo: emocionar, sorprender y conectar. La tecnología puede amplificar estas capacidades, pero no sustituir la sensibilidad creativa ni la comprensión profunda de las personas. Por eso, el paso desde acciones puntuales hacia modelos experienciales sostenibles se vuelve clave para las marcas que buscan construir relaciones duraderas y significativas.

Desde la Cámara de Empresas Creativas de Chile, entendemos las experiencias inmersivas no como un fin en sí mismo, sino como un medio para generar conexiones más profundas, memorables y con impacto real. Cuando la tecnología se pone al servicio de una idea clara, de un propósito bien definido y de una narrativa coherente, su valor se multiplica y se proyecta en el tiempo.

Hoy, más que nunca, la invitación es a avanzar desde el hype hacia la consolidación. A experimentar, sí, pero con propósito; a innovar, pero con sentido estratégico; y a comprender que la verdadera transformación ocurre cuando creatividad, tecnología y personas se articulan en experiencias que inspiran, conectan y generan valor real.