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IA, creatividad y cambio de paradigma: claves desde la mirada de un experto internacional

24 de abril de 2026

La conversación sobre inteligencia artificial en la industria creativa suele moverse entre dos extremos: el entusiasmo desmedido o el escepticismo aprendido tras años de promesas tecnológicas. Sin embargo, en la reciente roundtable y charla organizada por la Cámara de Empresas Creativas de Chile en conjunto con Cape.io, la mirada que propuso Javier Campos, Group CTO Cape.io, logró instalar un punto intermedio más interesante: entender que esta vez el cambio sí es distinto.

No se trata de una tecnología más. No es mobile, no es social media, no es blockchain. El experto internacional planteó que la inteligencia artificial marca un quiebre más profundo, no solo porque su evolución es exponencial, sino porque su impacto no se limita a optimizar procesos, sino que comienza a modificar comportamientos humanos, dinámicas laborales y, en definitiva, la forma en que entendemos el trabajo y la creatividad.

Parte importante de esta diferencia está en la velocidad. A diferencia de otras tecnologías que tardaron años en masificarse, la IA se está integrando a una velocidad inédita. Pero quizás lo más relevante no es cuán rápido avanza, sino cómo lo está haciendo. “Hoy ya no hablamos solo de herramientas que responden preguntas o automatizan tareas, sino de sistemas que comienzan a ejecutar procesos completos y, más adelante, incluso a mejorarse a sí mismos. Esa idea, que hasta hace poco parecía lejana, ya está ocurriendo en entornos de laboratorio”, comentó Javier Campos.

Frente a este escenario, uno de los puntos más críticos que se plantearon es que muchas empresas están abordando la IA de forma equivocada. “En lugar de repensar cómo trabajan, están intentando hacer lo mismo de siempre, pero con nuevas herramientas. Es decir, están usando inteligencia artificial para replicar procesos humanos, en vez de rediseñarlos desde cero. Y ahí es donde se pierde gran parte del potencial. No se trata de construir un robot que haga exactamente lo que hace una persona, sino de entender que, si la lógica cambia, también deberían cambiar las formas de hacer”, agrega el Group CTO Cape.io. .

En este contexto, la industria creativa enfrenta una tensión particularmente interesante. Por un lado, la IA demuestra ser extraordinariamente eficiente en todo aquello que es repetitivo, estructurado o verificable. Por otro, sigue teniendo limitaciones importantes cuando se trata de sentido común, criterio o creatividad original. En resumen, la inteligencia artificial puede producir versiones cada vez más sofisticadas de lo que ya existe, pero todavía no logra dar ese salto inesperado que define a las grandes ideas.

Y es justamente ahí es donde aparece una oportunidad. Durante años, gran parte del tiempo en agencias y equipos creativos se ha ido en tareas operativas, ajustes, versiones, adaptaciones y ejecuciones que poco tienen que ver con el pensamiento creativo profundo. Si la IA puede absorber ese trabajo, entonces la pregunta no es si reemplaza a los creativos, sino si les permite enfocarse en lo que realmente genera valor.

La conversación se volvió aún más rica cuando se sumaron las miradas de los socios presentes. Uno de los temas que surgió y que instaló un debate más profundo fue: ¿puede la inteligencia artificial realmente crear o solo recombinar? Aunque desde una perspectiva técnica la respuesta apunta a que en el largo plazo podría desarrollar capacidades de invención, la experiencia y conclusión de los socios de la Cámara fue hacia otro lado: crear no es solo resolver un problema, también es sentir, intuir, interpretar contextos y conectar con otros desde lo humano. Y eso, al menos hoy, sigue siendo difícil de traducir en código.

Esa dimensión humana apareció una y otra vez en la conversación. No como una defensa romántica del oficio, sino como una constatación práctica: las ideas que realmente impactan a las personas suelen venir de experiencias, tensiones y sensibilidades que exceden lo puramente lógico. En ese sentido, la creatividad no pierde valor con la llegada de la IA; al contrario, se vuelve más relevante.

Por supuesto, esto no elimina los desafíos. Uno de los puntos más delicados que se abordaron tiene que ver con el control y los objetivos. La inteligencia artificial no es peligrosa por sí misma, pero sí puede serlo dependiendo de cómo se utilice y quién la controle. Más que escenarios de ciencia ficción, el riesgo real está en sistemas optimizando objetivos mal definidos o en manos equivocadas. Y eso vuelve aún más urgente que la industria entienda la tecnología, en lugar de simplemente adoptarla.

Al final, lo que dejó esta conversación no fue una respuesta definitiva, sino una invitación a pensar con más profundidad. La inteligencia artificial no es una amenaza inevitable ni una solución mágica. Es una herramienta poderosa que amplifica tanto las buenas como las malas decisiones.

Para la industria creativa, el desafío no está en competir con la IA, sino en entender dónde realmente aporta valor y dónde no. Automatizar lo repetitivo, rediseñar procesos, cuestionar dependencias y, sobre todo, volver a poner la creatividad en el centro, no como ejecución, sino como pensamiento estratégico.

Porque si algo quedó claro, es que el futuro no va a depender únicamente de la tecnología, sino de la capacidad que tengamos como industria para usarla con criterio, intención y, sobre todo, con una mirada profundamente humana.