11 mar. 2026
Cada 15 de marzo se conmemora el Día Mundial de los Derechos del Consumidor, una fecha que invita a reflexionar sobre cómo ha evolucionado el rol de las personas dentro de los mercados y cómo su poder de decisión se ha transformado con el tiempo.
Desde su origen en la década de 1960, el consumidor ha pasado de ser un actor relativamente pasivo a convertirse en un protagonista activo dentro del ecosistema económico. Hoy no solo buscan productos o servicios, sino que también confianza, coherencia y propósito en las marcas, donde las decisiones de compra están cada vez más influenciadas por factores como la reputación corporativa, la transparencia de las empresas, las prácticas sostenibles o la experiencia del cliente.
En este nuevo escenario, las empresas no solo compiten por precio o calidad, sino también por credibilidad y confianza. Para la industria creativa, este cambio representa un desafío y una oportunidad: construir narrativas, experiencias y propuestas de valor que respondan a consumidores cada vez más críticos y participativos.
Datos recientes del Índice de Confianza del Consumidor (CCI) elaborado por Ipsos muestra señales alentadoras. En febrero de 2026 el indicador alcanzó 50,3 puntos, ubicándose por primera vez en más de seis años en el umbral que equilibra percepciones positivas y negativas sobre la economía. Este nivel no se observaba desde julio de 2019 y representa un aumento de 0,9 puntos respecto del mes anterior y de 5,9 puntos en comparación con febrero de 2025.
Según explica Nicolás Fritis, Country Manager de Ipsos Chile, este avance marca un hito relevante dentro del indicador: “El CCI alcanzó su nivel más alto en los últimos años, superando finalmente la barrera psicológica de los 50 puntos, donde hay tanto optimismo como pesimismo entre los consumidores”.
El CCI alcanzó su nivel más alto en los últimos años, superando finalmente la barrera psicológica de los 50 puntos, donde hay tanto optimismo como pesimismo entre los consumidores.
Este aumento se explica por una combinación de factores económicos y de expectativas. Entre ellos destacan cifras macroeconómicas más favorables, como una expansión del Imacec por sobre las estimaciones, una leve disminución en la desocupación, proyecciones de menor inflación y un mejor precio del cobre.
A esto se suma un cambio relevante en la percepción de las personas respecto al trabajo. “El indicador de empleo fue el termómetro más certero, registrando la mayor alza entre los cuatro pilares del índice. Los encuestados sienten que hay una menor probabilidad de que ellos o sus conocidos pierdan su empleo en los próximos meses, mostrando mayor seguridad sobre su estabilidad laboral”, explica Fritis.
El indicador de empleo fue el termómetro más certero, registrando la mayor alza entre los cuatro pilares del índice. Los encuestados sienten que hay una menor probabilidad de que ellos o sus conocidos pierdan su empleo en los próximos meses, mostrando mayor seguridad sobre su estabilidad laboral.
Otro elemento clave detrás del aumento en la confianza es el cambio en las expectativas económicas. “Los consumidores chilenos están basando su ánimo en la esperanza del futuro. Sus expectativas económicas han dado un salto importante respecto a los últimos años, volviendo a niveles que no se veían desde antes del estallido social”.
Además, Chile aparece entre los países con mayor crecimiento interanual en el indicador, lo que sugiere una mejora gradual en la percepción de las personas respecto a su situación económica y al contexto general del país.
Este tipo de indicadores suele anticipar cambios en el comportamiento de consumo. Cuando la confianza aumenta, también tienden a crecer el gasto de los hogares y la inversión privada, generando un círculo virtuoso para la economía.
De acuerdo con Fritis, uno de los efectos más visibles suele ser una mayor disposición al consumo de bienes de mayor valor. “Cuando hay mayor seguridad laboral, las personas pierden el miedo a gastar en bienes que requieren una inversión mayor, como electrodomésticos, vehículos o tecnología”.
A esto se suma una mayor apertura al uso de financiamiento: “La tranquilidad sobre el futuro laboral hace que los consumidores estén más dispuestos a asumir deudas a mediano y largo plazo, ya sea a través de créditos de consumo, tarjetas o créditos hipotecarios”.
Este mejor ánimo también suele tener efectos directos en el dinamismo del mercado. “Cuando las empresas perciben este cambio en el ánimo de los consumidores, suelen reactivar sus inversiones, lanzar nuevas campañas de marketing y aumentar su inventario, lo que termina dinamizando la economía en general”.
Cuando las empresas perciben este cambio en el ánimo de los consumidores, suelen reactivar sus inversiones, lanzar nuevas campañas de marketing y aumentar su inventario, lo que termina dinamizando la economía en general.
Para las empresas y la industria creativa, el aumento de la confianza del consumidor no es solo un indicador económico: también es una señal sobre cómo evoluciona la relación entre las marcas y las personas. Un consumidor más confiado tiende a explorar nuevas marcas, probar productos y participar más activamente en el mercado. Pero al mismo tiempo mantiene altas expectativas respecto a transparencia, experiencia y coherencia.
En ese contexto, las empresas creativas juegan un rol clave en la construcción de esa relación de confianza. Desde la comunicación de marca hasta el diseño de experiencias, la creatividad se convierte en una herramienta fundamental para generar conexiones auténticas con las audiencias. Porque en la economía contemporánea, los consumidores no solo compran productos o servicios: compran historias, valores y relaciones de confianza con las marcas.
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