11 feb. 2026
El medio tiempo del Super Bowl 2026 protagonizado por Bad Bunny no fue simplemente una actuación musical, fue una construcción narrativa deliberada. En una noche donde tradicionalmente se debate qué anuncio fue el mejor o qué marca ganó la conversación, esta vez el foco estuvo en otra parte: en un momento cultural que trascendió la lógica publicitaria y que demostró que hoy el verdadero objetivo del marketing no es ser el anuncio, sino convertirse en el momento.
Bad Bunny no presentó una suma de hits, presentó una declaración coherente, un guión. El espectáculo avanzó como una historia: tensión, sorpresa, progresión emocional y un clímax simbólico. “Cuando un espectáculo sabe exactamente qué quiere decir, cada decisión estética, coreográfica y narrativa se ordena en torno a ese propósito. Y eso se percibe. Este show confirma que el entretenimiento masivo ya no es neutro, es narrativo, identitario y culturalmente declarativo”, explica Pavel Friedmann, cofundador de Tango 360.
Cuando un espectáculo sabe exactamente qué quiere decir, cada decisión estética, coreográfica y narrativa se ordena en torno a ese propósito. Este show confirma que el entretenimiento masivo es narrativo, identitario y culturalmente declarativo.
Hoy las personas, la industria y el marketing, no están analizando qué marca ganó la noche, sino cómo un artista convirtió 13 minutos en un hito cultural global. “El cierre simbólico con las banderas y el mensaje en pantalla no es solo una imagen potente; es un ancla emocional. Las experiencias que combinan emoción intensa, símbolos claros y música suelen quedar grabadas en la memoria colectiva. Cuando eso ocurre, la audiencia no solo observa: se involucra. Y eso es lo que vimos”, agrega Friedmann.
El show alcanzó un peak de 137,8 millones de personas en transmisión lineal y generó 4 mil millones de visualizaciones en redes sociales en las primeras 24 horas. Fue visto por más de 120 millones de personas y fue, prácticamente en su totalidad, en español. Asimismo, cerró con un mensaje político explícito sin romper el ritmo ni perder energía.
“Estamos frente a la consolidación de la ‘eventización de la TV’. En un mundo fragmentado, la televisión abierta sigue siendo el único medio capaz de generar un punto de encuentro masivo y simultáneo. Cuando algo ocurre en la televisión abierta, se vuelve oficial en la conversación social. Luego ese contenido se atomiza y vive en el ecosistema digital”, señala José Miguel Quintana, Gerente de Negocios y Marketing Comercial de Canal 13.
“No es televisión versus el mundo digital, es integración total. La gran lección es que el storytelling hoy debe ser agnóstico a la plataforma, pero fiel a la identidad. Lo local es el nuevo global. Para nuestra industria en Chile, esto refuerza que el éxito no está en elegir entre TV o Digital, sino en la integración total. Si logramos que una marca sea parte de una historia que emociona, como lo hizo el Super Bowl con Bad Bunny, la efectividad publicitaria deja de medirse solo en clics.”, enfatiza Quintana.
No es televisión versus el mundo digital, es integración total. La gran lección es que el storytelling hoy debe ser agnóstico a la plataforma, pero fiel a la identidad. Lo local es el nuevo global.
Elisa Villaseca, socia y directora general de SudProducciones, destaca la forma en que se construyó el relato en escena. “Era un show dinámico, con mucho movimiento en un escenario poco usual. Se iba contando una historia a medida que avanzaba, con muchos guiños y cambios que te dejaban pegado a la pantalla. Esto te dice que no es necesario volverse loco con la tecnología o con cosas despampanantes. Muchas veces es mejor apelar a la emoción y lograr que las personas se sientan identificadas”.
Esto te dice que no es necesario volverse loco con la tecnología o con cosas despampanantes. Muchas veces es mejor apelar a la emoción y lograr que las personas se sientan identificadas.
Villaseca también subraya la importancia del contexto: “Tampoco puedo dejar de mencionar la presencia de rostros potentes como Lady Gaga y Ricky Martin, sin olvidar a las celebridades que aparecían al paso, como Karol G, Cardi B, Young Miko, Pedro Pascal, Jessica Alba y Alix Earle. Este es un show televisado y está hecho para eso. La base de todo es el guión. Entender el formato y el momento es clave para que funcione”.
En esta misma línea, el show también dejó una lección sobre cómo se construyen colaboraciones en la era de la distribución global. Bad Bunny aportó distribución, plataforma y visibilidad global a sus invitados, rostros potentes y reconocidos que a su vez le aportaron al show legitimidad simbólica y amplificaron el alcance cultural del relato. No fueron cameos decorativos; fueron capas narrativas.
Para el equipo de Social Media de Meat Group, lo ocurrido en el Super Bowl confirma un cambio estructural. “Estamos viendo en vivo lo que los estudios de tendencias han proyectado como el ‘renacimiento latino’, dejando de ser una tendencia emergente para pasar a una realidad consolidada. Lo que no sólo consolida una tendencia cultural, también equilibra el tablero creativo: lo que ocurre en un escenario global hoy se vive en simultáneo en el living de una casa en Chile”.
Estamos viendo en vivo lo que los estudios de tendencias han proyectado como el ‘renacimiento latino’, dejando de ser una tendencia emergente para pasar a una realidad consolidada.
“Lo que activó el show fue la pertenencia. Bad Bunny no solo dio un concierto, nos invitó a su casa, a su infancia. Esa es la conexión más humana que una marca puede buscar. La relevancia hoy no se compra, se habita siendo parte del hogar emocional de las personas en tiempo real. Pero la clave no es reaccionar por reaccionar, sino saber dónde aparecer”, agregaron desde Meat Group.
Bad Bunny construyó narrativa, no ‘contenido’ y esto llevó a que la conversación ya no dependiera exclusivamente del gran spot televisivo, sino que de la sensibilidad para leer el momento. En este sentido, la gran lección para la industria creativa es que ya no se aspira a ser el mejor anuncio de la noche, sino que se aspira a ser el momento.
El halftime de Bad Bunny demostró que cuando emoción, identidad y relato se integran con precisión operativa y visión estratégica, el resultado trasciende la categoría de espectáculo y se convierte en cultura. Y cuando un espectáculo se vuelve cultura, deja de ser sólo entretenimiento, se transforma en un hito que activa pertenencia, instala conversación y queda grabado en la memoria colectiva.
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