image
image

Festival de Viña del Mar: evolución, identidad cultural y motor de la industria creativa nacional

20 de febrero de 2026

Cada verano, Chile proyecta una de sus expresiones culturales más reconocibles hacia el mundo: el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. Con más de seis décadas de historia, el certamen no solo es un evento musical, sino también un fenómeno cultural, mediático y económico que ha acompañado las transformaciones sociales del país y contribuido al posicionamiento de la creatividad chilena a nivel internacional.

En el contexto de su edición 2026, el Festival vuelve a instalarse como un punto de encuentro entre cultura, espectáculo e industria, ofreciendo una oportunidad para reflexionar sobre su evolución y su impacto en el ecosistema creativo nacional.

Un escenario que creció junto al país y construyó identidad cultural

El Festival nació en 1960 como una iniciativa municipal orientada a promover la ciudad de Viña del Mar como destino turístico. Con el tiempo, trascendió ese propósito inicial para convertirse en el espectáculo musical más relevante de América Latina y uno de los eventos culturales más longevos del mundo hispanohablante.

La transmisión televisiva nacional a partir de la década de 1970 marcó un punto de inflexión al llevar el espectáculo a todo el país, consolidando su carácter masivo y su influencia cultural. Desde entonces, el Festival ha evolucionado incorporando nuevos géneros musicales, tecnologías escénicas y formatos de transmisión multiplataforma, adaptándose a las audiencias contemporáneas sin perder su carácter identitario.

El anfiteatro de la Quinta Vergara se ha transformado en un espacio simbólico de la cultura popular chilena. Allí convergen tradiciones musicales, humor, televisión y rituales colectivos, como la entrega de la Gaviota o la interacción del público con los artistas, que forman parte del imaginario social del país. La exigente respuesta del público, conocido como “el Monstruo”, constituye una forma singular de participación cultural que refleja la conexión emocional entre audiencia y espectáculo.

Más allá del entretenimiento, el Festival ha contribuido a consolidar la música latinoamericana como identidad cultural compartida, posicionar artistas chilenos en mercados internacionales y generar memoria colectiva a través de momentos emblemáticos que atraviesan generaciones. Su transmisión internacional lo convierte en una vitrina global que difunde la cultura nacional hacia audiencias masivas, fortaleciendo la proyección cultural del país.

Por otro lado, este certamen se proyecta con fuerza en el desarrollo económico del país. Según cifras oficiales, la edición 2023 reunió a cerca de 80.000 asistentes y generó un impacto económico cercano a los 11 mil millones de pesos, dinamizando sectores como hotelería, gastronomía, transporte y comercio local, y posicionando a Viña del Mar como un destino turístico-cultural de relevancia global durante la temporada estival. 

Según cifras oficiales, la edición 2023 reunió a cerca de 80.000 asistentes y generó un impacto económico cercano a los 11 mil millones de pesos, dinamizando sectores como hotelería, gastronomía, transporte y comercio local. 

 

Impacto en la industria creativa y oportunidades para el futuro

El Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar constituye un ecosistema productivo que moviliza múltiples disciplinas creativas y evidencia el valor estratégico de la cultura como motor de desarrollo.

La producción audiovisual y el broadcast impulsan innovación en televisión, streaming y contenidos multiplataforma, mientras la escenografía, el diseño y la tecnología escénica elevan los estándares del espectáculo en vivo mediante iluminación inteligente, pantallas de alta resolución y experiencias inmersivas. A su vez, el Festival funciona como plataforma estratégica para el branding y las activaciones de marca, ofreciendo un espacio de conexión directa con audiencias masivas.

Asimismo, genera oportunidades concretas para la industria creativa mediante convocatorias abiertas y concursos públicos. Para la edición 2026, por ejemplo, se realizó un llamado a creativos y creativas a diseñar el afiche oficial del certamen, solicitando propuestas 100% originales, sin uso de imágenes de terceros ni inteligencia artificial, promoviendo así la autoría, la ética profesional y el reconocimiento del talento creativo nacional.

Para la edición 2026 se realizó un llamado a creativos y creativas a diseñar el afiche oficial del certamen, solicitando propuestas 100% originales, sin uso de imágenes de terceros ni inteligencia artificial.

 

El evento también fortalece la música y la gestión artística al servir como vitrina para intérpretes, compositores y productores, contribuyendo al dinamismo del ecosistema musical. Paralelamente, el impacto en el turismo creativo y la economía local evidencia cómo la cultura genera valor tangible para los territorios, dinamizando servicios, comercio y actividades asociadas.

Las transformaciones recientes del Festival reflejan una tendencia global: el espectáculo en vivo evoluciona hacia experiencias híbridas donde convergen creatividad, tecnología y narrativa audiovisual. Para la industria creativa, este escenario funciona como un laboratorio de innovación en formatos, storytelling y soluciones técnicas aplicables a otros ámbitos culturales y comerciales.

El Festival de Viña del Mar no es solo un espectáculo musical: es un patrimonio cultural vivo que conecta generaciones, proyecta identidad y dinamiza la economía creativa. En un mundo donde la cultura y la creatividad son activos estratégicos para el desarrollo, su vigencia confirma que la creatividad no solo entretiene: también construye identidad, impulsa el desarrollo y conecta a Chile con la región y el mundo.