23 dic. 2025
En las últimas décadas, la industria creativa se ha consolidado como un motor estratégico de desarrollo económico, innovación social y posicionamiento cultural a nivel global. Países como Corea del Sur, Inglaterra, Nueva Zelanda y Colombia han logrado transformar la creatividad en una política de Estado, articulando cultura, tecnología, educación y mercado para generar impacto económico, empleo de calidad y proyección internacional. Analizar estos casos permite extraer aprendizajes clave y, al mismo tiempo, reflexionar sobre los desafíos y oportunidades que enfrenta Chile para avanzar hacia un modelo creativo más robusto, sostenible y competitivo.
Corea del Sur es uno de los ejemplos más citados cuando se habla de éxito en la industria creativa. El fenómeno de la Hallyu (la ola cultural coreana), no es casualidad, sino el resultado de una estrategia deliberada que combina inversión pública sostenida, fuerte articulación con el sector privado y una integración profunda entre cultura, tecnología y exportaciones.
El Estado coreano identificó tempranamente a la cultura como un activo estratégico, invirtiendo en formación, infraestructura, internacionalización y propiedad intelectual. Música, audiovisual, videojuegos, diseño y moda forman parte de un ecosistema que dialoga constantemente con la innovación tecnológica y las plataformas digitales. Expertos destacan que uno de los principales factores de éxito es la claridad de la política pública y su continuidad en el tiempo, más allá de los cambios de gobierno.
Inglaterra y el Reino Unido en general, es considerado uno de los referentes históricos de la economía creativa. Desde fines de los años noventa, el país incorporó formalmente el concepto de creative industries en su estrategia de desarrollo, reconociendo su aporte al PIB, al empleo y a la identidad nacional.
Sectores como la publicidad, el diseño, la arquitectura, el audiovisual, la música y los videojuegos cuentan con marcos regulatorios claros, acceso a financiamiento, incentivos tributarios y una fuerte red de clusters creativos. Londres, en particular, se ha posicionado como un hub global de talento creativo. Según especialistas, el valor diferencial del modelo inglés radica en su capacidad de combinar tradición cultural con innovación, y en entender la creatividad como una industria, sin perder su dimensión cultural y simbólica.
Nueva Zelanda ha sabido capitalizar su identidad cultural, su paisaje y su talento creativo para proyectarse internacionalmente. La industria audiovisual, impulsada por producciones de alcance global, ha sido un eje central, pero no el único. Diseño, animación, música y artes digitales también forman parte de un ecosistema creativo dinámico y orientado a la exportación.
Expertos destacan que el caso neozelandés demuestra la importancia de construir un relato de país coherente, donde la creatividad dialoga con la identidad local y se proyecta al mundo con altos estándares de calidad. La colaboración entre universidades, centros de innovación, empresas creativas y el Estado ha sido clave para generar un entorno favorable al desarrollo de talento y a la creación de valor agregado.
En América Latina, Colombia se ha posicionado como un referente gracias a su apuesta por la llamada “economía naranja”. Más allá del concepto, el país avanzó en la creación de marcos institucionales, incentivos tributarios y programas de financiamiento específicos para el sector creativo y cultural.
Ciudades como Bogotá y Medellín han desarrollado distritos creativos, políticas de fomento al emprendimiento y estrategias de internacionalización que han permitido profesionalizar el sector y aumentar su visibilidad. Expertos subrayan que uno de los mayores logros de Colombia ha sido vincular creatividad, desarrollo territorial y cohesión social, entendiendo la industria creativa no sólo como un motor económico, sino también como una herramienta de transformación.
En el caso de Chile, existe consenso entre especialistas en que el país cuenta con talento creativo, reconocimiento internacional en áreas como el diseño, el audiovisual, la música y los videojuegos, y un ecosistema emprendedor en crecimiento. Sin embargo, también se identifican brechas estructurales que dificultan su consolidación como una industria estratégica de mayor escala.
Entre los principales desafíos se mencionan la fragmentación del sector, la falta de una política pública integral y de largo plazo, el acceso limitado a financiamiento especializado y la necesidad de fortalecer la articulación entre actores públicos, privados y académicos. Asimismo, expertos señalan que aún persiste una mirada que subestima el valor económico de la creatividad, tratándola como un complemento y no como un eje central del desarrollo.
Las experiencias internacionales muestran que no existen recetas únicas, pero sí principios comunes. Para avanzar, Chile necesita consolidar una visión compartida que reconozca a la industria creativa como un sector estratégico para el crecimiento sostenible, la innovación y la proyección internacional del país.
Esto implica fortalecer la institucionalidad, generar políticas públicas coherentes y estables, mejorar los instrumentos de financiamiento, promover la formación de talento y facilitar la internacionalización de las empresas creativas. También es clave impulsar espacios de encuentro, colaboración y representación sectorial que permitan articular intereses y construir una agenda común.
Casos como el de Corea del Sur, Inglaterra, Nueva Zelanda y Colombia demuestran que cuando la creatividad se aborda con visión estratégica, inversión sostenida y colaboración, puede convertirse en un eje transformador del país. Chile tiene las condiciones para avanzar en esa dirección, siempre que logre alinear voluntades, reconocer el valor del sector y apostar decididamente por su desarrollo.
Aprender de estos casos no implica imitarlos, sino adaptar sus aprendizajes a nuestra realidad, identidad y desafíos. En un mundo cada vez más competitivo y cambiante, la industria creativa representa una oportunidad concreta para diversificar la economía, generar empleo de calidad y proyectar al país desde su talento, innovación y creatividad.
En este contexto, el rol de organizaciones como la Cámara de Empresas Creativas resulta fundamental para visibilizar el impacto del sector, promover el diálogo público-privado y posicionar a la creatividad como un motor de desarrollo económico, social y cultural.
Desde su origen, la Cámara ha trabajado en la articulación del ecosistema creativo nacional, convocando a nueve sectores de la industria para generar una visión compartida, fortalecer el trabajo colaborativo y elevar los estándares del sector. A través de su Directorio, Comités Sectoriales y Círculos de Trabajo, ha impulsado guías de buenas prácticas, encuentros de socios, charlas e instancias de formación, además de espacios emblemáticos como el Festival CREA y los Premios CREA, que buscan reconocer, visibilizar y proyectar el talento creativo y su impacto en el desarrollo del país.
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