24 jun. 2026
La inteligencia artificial ya no es una promesa de futuro. Se ha convertido en una herramienta presente en los procesos de negocio, la creación de contenidos, el análisis de datos, la atención al cliente y la toma de decisiones. Sin embargo, mientras su adopción avanza a gran velocidad, también emergen barreras que dificultan que organizaciones y profesionales aprovechen plenamente su potencial.
El caso de Chile es particularmente interesante. Nuestro país lidera el desarrollo y adopción de inteligencia artificial en Latinoamérica, cuenta con una sólida infraestructura digital y un ecosistema tecnológico cada vez más dinámico. Sin embargo, este liderazgo convive con una realidad menos alentadora: muchas organizaciones aún enfrentan dificultades para integrar la IA de manera estratégica y generar valor real a partir de ella.
Diversos estudios muestran que el desafío ya no es el acceso a la tecnología, sino la capacidad de incorporarla efectivamente en los modelos de negocio y en la cultura organizacional.
Uno de los principales obstáculos es la diferencia entre probar herramientas de IA y lograr una transformación efectiva. Muchas empresas han incorporado soluciones de inteligencia artificial para tareas específicas, pero pocas han conseguido escalar su uso de manera transversal. La falta de una estrategia clara, la resistencia al cambio y los problemas asociados a la gestión y gobernanza de datos continúan limitando los resultados.
Para Mariana Pardo, CCO de Wise Innovation Studio, uno de los principales desafíos no es tecnológico, sino cultural: “Muchas empresas siguen abordando la IA como una herramienta aislada o una iniciativa experimental, cuando en realidad implica repensar procesos, roles y formas de tomar decisiones. El desafío ya no es acceder a la tecnología; es construir el criterio necesario para utilizarla estratégicamente dentro de las organizaciones”.
“Muchas empresas siguen abordando la IA como una herramienta aislada o una iniciativa experimental, cuando en realidad implica repensar procesos, roles y formas de tomar decisiones. El desafío ya no es acceder a la tecnología; es construir el criterio necesario para utilizarla estratégicamente dentro de las organizaciones”.
En la práctica, esto significa que numerosas organizaciones utilizan IA para optimizar procesos aislados, pero aún no logran integrarla como un habilitador de innovación, crecimiento o ventaja competitiva. Para la industria creativa, esta situación resulta especialmente relevante. La verdadera oportunidad no está únicamente en automatizar tareas operativas, sino en utilizar la tecnología para potenciar nuevas formas de crear, colaborar y generar experiencias de mayor valor para las audiencias.
En el ámbito de las comunicaciones corporativas, Claudio Bustos, director de CBR Comunicación, advierte que la velocidad no siempre se traduce en mejores resultados: “La IA nunca pidió permiso y entró de lleno al trabajo diario de las comunicaciones. Puede ayudar muchísimo, pero no reemplaza la pregunta más importante: para qué estamos comunicando esto. Sin criterio y una intención clara, puede terminar amplificando mensajes correctos en la forma, pero vacíos de contenido”.
Otra de las barreras más importantes es la brecha de conocimientos. La rápida evolución de la inteligencia artificial está generando una creciente demanda por nuevas capacidades profesionales. Las organizaciones requieren personas capaces de comprender la tecnología, evaluar sus resultados, trabajar junto a ella y utilizarla de forma estratégica.
Sin embargo, la velocidad con que surgen nuevas herramientas supera muchas veces la capacidad de adaptación de empresas y trabajadores. La escasez de habilidades tecnológicas aparece hoy como uno de los riesgos más relevantes para las organizaciones, junto con las dificultades para implementar exitosamente soluciones de IA.
En las empresas creativas este desafío adquiere una dimensión particular. Más allá del dominio técnico, se vuelve fundamental desarrollar capacidades relacionadas con el pensamiento crítico, la dirección estratégica, la creatividad aplicada, la ética digital y la interpretación de datos.
Ignacio Charme, socio de Nexos, plantea que precisamente ahí radica el aporte diferencial de los profesionales: “La IA puede resumir información, ordenar datos o proponer estructuras, pero no reemplaza la experiencia ni la capacidad de comprender las sensibilidades de cada organización. El valor sigue estando en saber qué mirar, cómo interpretar la información y cómo transformarla en acciones relevantes”.
“La IA puede resumir información, ordenar datos o proponer estructuras, pero no reemplaza la experiencia ni la capacidad de comprender las sensibilidades de cada organización. El valor sigue estando en saber qué mirar, cómo interpretar la información y cómo transformarla en acciones relevantes”.
La incertidumbre respecto al futuro del trabajo, la presión por adaptarse rápidamente a nuevas herramientas y la necesidad permanente de actualización generan tensiones dentro de las organizaciones. Diversos estudios muestran que los riesgos asociados a la adopción tecnológica están estrechamente vinculados con la gestión de personas, la salud mental y el bienestar laboral.
La implementación de IA no puede entenderse únicamente como un proyecto tecnológico. También requiere liderazgo, comunicación y acompañamiento. Las organizaciones que logren gestionar adecuadamente esta transición tendrán mayores posibilidades de construir culturas de innovación sostenibles y generar confianza entre sus equipos.
Para Claudio Bustos, la conversación interna resulta fundamental para evitar temores y resistencias: “La confianza parte mucho antes del uso de la herramienta. Si la IA llega como una moda o como algo secreto, aparecen las sospechas. Las organizaciones deben conversar permanentemente qué buscan mejorar, qué límites existen y qué decisiones seguirán dependiendo de las personas”.
“La confianza parte mucho antes del uso de la herramienta. Si la IA llega como una moda o como algo secreto, aparecen las sospechas. Las organizaciones deben conversar permanentemente qué buscan mejorar, qué límites existen y qué decisiones seguirán dependiendo de las personas”.
Desde Nexos, la generación de confianza también está directamente vinculada a la existencia de reglas claras y supervisión profesional: “La confianza no depende solamente de incorporar nuevas herramientas, sino de demostrar que su uso mejora el trabajo sin debilitar el rigor ni la calidad del servicio. La validación humana sigue siendo un aspecto fundamental en cualquier interacción con inteligencia artificial”.
Asimismo, la expansión de la inteligencia artificial también ha abierto nuevas preguntas sobre transparencia, uso de datos y propiedad intelectual. En sectores como la publicidad, el diseño, las comunicaciones, los medios y la producción de contenidos, el debate sobre los derechos de autor, la atribución creativa y el uso responsable de información continúa evolucionando.
Mariana Pardo advierte que el debate ético va mucho más allá de los derechos de autor: “Las organizaciones deberán ser capaces de explicar cómo se generó un contenido, qué fuentes influyeron en él y cuáles fueron los criterios de validación utilizados. El riesgo no es solamente la propiedad intelectual, sino también la homogeneización: que todas las marcas terminen creando lo mismo porque utilizan los mismos modelos”.
En este contexto, el reto no consiste en elegir entre creatividad o inteligencia artificial. El verdadero desafío es aprender a integrarlas de manera inteligente, potenciando aquello que distingue a las personas: su capacidad de imaginar, interpretar contextos, generar significado y crear conexiones humanas.
Porque en un entorno cada vez más automatizado, la creatividad seguirá siendo uno de los recursos más valiosos para generar diferenciación, confianza y crecimiento.
Otras noticias